Afirmaba Felipe González que “a la política se viene a servir y no a servirse de ella”, en clara alusión a todos aquellos que han venido utilizando la política en su propio beneficio. Apostillando esta frase, a la política no solamente se viene a servir, sino que, además, también hay que “servir” para estar en política.
Afirmaciones como “Todos los políticos son iguales” o “La política, para quien vive de ella” no son más que sentimientos exteriorizados de la ciudadanía ante los dos grandes males que aquejan a la democracia: la corrupción y la mediocridad políticas. La primera, en cuanto a todos aquellos que llegan a la política para servirse de ella. La segunda, en cuanto aquellos que llegan a la política pero no están capacitados para ella.
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