La coeducación es un tema que siempre causa mucha polémica, algunas personas ven muy mal que sus hijos, de pequeños, jueguen con una muñeca, o por el contrario, que sus hijas, jueguen con un coche teledirigido. Para mí esto, es una gran tontería, como también lo es, que los niños recién nacidos, tenga que ir de azul y las niñas de rosa, no podemos seguir clasificando los colores en si es de niña o de niño, porque qué más da si es rosa, azul, verde o morado, son colores y nada más.
Para qué mencionar a algunos padres, la idea de que su hijo baile clásico, o su niña se apunte a un equipo de fútbol. Y es que, vivimos en una sociedad machista, queramos admitirlo o no, y aunque cada día esto parece que esté mejorando, no hacemos nada si seguimos dejando, que los niños no puedan tener una “Barbie”, ni las niñas un “Action Man”. Y creo, que todo empieza, con las frases típicas de los padre, por ejemplo cuando sus hijos se caen, y le dicen al niño: “Los niños no lloran, eso, es de niñas” o si es la niña la que cae, dicen: “¡Hay!, ¿te has hecho mucho daño, chiquita?”, pues claro que se han hecho daño los dos, pero uno puede llorar y el otro no. Yo la verdad, es que no he entendido nunca, porque un niño no puede llorar, es una cosa humana, no sólo de niñas.
Y aunque ya no suele ocurrir tanto, siempre, las niñas se han ocupado, de las tareas de la casa, y mientras, los niños, jugaban con sus amigos, divirtiéndose, cuando ellas, fregaban los platos, hacían todas las camas, limpiaban el polvo… y menos mal que esto está cambiando un poco, porque así, claro que si podían estudiar, sólo lo hacían los niños, tenían mucho más tiempo libre.
Todo esto no es ninguna tontería, si no dejamos de organizar los juegos entre, niños o niñas, ni los colores, ni los dibujos, ni las tareas de la casa, ni todas esas cosa que tenemos clasificadas, seguirá existiendo el maltrato hacia la mujer. Y de esta manera, nuestra sociedad, no va a conseguir que la mujer sea tratada igual que el hombre, si no dejamos de educar a los niños de esta forma. Porque al fin y al cabo, sin uno, no puede existir el otro.
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